Caminaba por las calles del puerto que me dio asilo tras emigrar de mi bella ciudad de México -lo siento, debo recalcar en eso- y me di cuenta de varias cosas que me hicieron reflexionar en lo siguiente:
Me encuentro con noticias pasadas en los medios locales donde afirman orgullosos políticos de Manzanillo que enfrentan la situación que los jóvenes viven y padecen en el puerto: alcoholismo, drogradicción, bandalismo, etc. -enfatizo en esta ciudad, por supuesto que en todos lados lo hay- cuando me doy cuenta que no es así. Resulta chistosa una declaración de personas que no tienen la mínima idea de cómo tratar a una juventud en problemas, inmersa en un mar de confusiones características de la edad, con sueños frustrados por la pobreza y mediocridad en la que siempre han vivido, la cual les impide tan siquiera creer que se puede, que son, que pertenecen.
Cerca de donde vivo por esta temporada que trabajo aquí, tuve la oportunidad de platicar con una señora que trabaja en prevención del delito, quien me contó parte de sus "operativos" contra los "malvivientes" de el Tajo -colonia popular- a los que tienen que "aventar a la camioneta de la judicial" para que con una buena "paliza" se "enderecen"...
Esto no es nuevo, aquí viví mi infancia, conocí personas que cargaban machetes en sus mochilas, que tenían relaciones con traileros, que abortaban, que fueron encerrados dos tres días en los separos a base de bolillos y agua. Me pregunto, ¿qué hace el gobierno y las dependencias correspondientes para prevenir, tal cual se llenan la boca, este tipo de situaciones? y más aún, ¿qué hacen sus/nuestros padres?
Tan sólo hoy me di cuenta de dos tres circunstancias muy tristes que representan a nuestra sociedad, a la mayoría. Padres ebrios a las 12 del día, sucios, en las banquetas, con música a todo volumen "descansando", mientras sus hijos, muy pequeños por cierto, corren por las calles descalzos, desaseados, probablemente con hambre, expuestos a cualquier peligro. La madre, adentro, acostada en la sala, viendo televisa o T V Azteca una programación que no escribo porque la desconozco, con una mesa repleta de cerveza, papas; una sala con uno o dos sillones y un estereo enorme.
Seguramente, esos niños creceran con ese ejemplo, con esas imágenes en la mente, con esos hábitos que muy pronto, a medida de sus posibilidades, apropiarán como costumbres. Lo digo con toda certeza, pues por las noches, también he visto adolescentes de no más de 15 años alcoholizados y drogados, presos por robo, o simplemente sin estudiar ni trabajar.
Retomando a las autoridades, da tristeza ver como sirven de taxi a muchos pequeños que trasnochan en las calles, fumando marihuana o "foco". Los llevan a sus casas, o a los separos, estos últimos convirtiéndose en su segundo hogar, que con burla los agentes los vuelven a recibir hasta con cariño. Recogen en la calle a muchachos que tal vez sin estar haciendo nada malo, dan una apariencia de delincuentes por tatuajes o ropa llamativa, y que por no traer identificación o pruebas que demuestren lo contrario, los trasladan a su segundo hogar, resignados, esperanzados a salir al día siguiente cuando sus padres acudan a ayudarlos, una vez más.
¿Es posible que las autoridades digan que no es grave el nivel de alcoholismo en los jóvenes del Estado? Así lo asegura la secretaría de la Juventud, nombrando programas invisibles que al parecer, no han beneficiado a muchos. Es evidente que quienes se encargar de dar atención de prevención sólo lo hacen por cumplir, por tener qué hacer, no por convicción, por amor a la juventud, a realmente ayudar a quienes lo necesitan. Lo hacen pues, por un puesto, por quedar bien y por tener un hueso más alto el próximo año.
Si tan sólo voltearamos a ver esos rincones donde muchos jóvenes encarnan sus sueños, sus ilusiones, sus metas. Esos mismos rincones donde a la par de la droga que consumen, platican de sus novias de 13 años, del nuevo trabajo que tendrán en el puerto cargando mercancía o en las empacadoras pelando pescado. ¿Escuela? pérdida de tiempo. No hay tiempo para eso, deben ser grandes pronto para ser como sus padres, para comprarse ropa, para "salir al boulevard" y comprar "una troca".

Si tan sólo supiéramos como cambiar tantas cosas...
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