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jueves, 14 de abril de 2011

Se nos ha olvidado ser felices

Amigos disfrutándose (Manzanillo)
El no estar unidos nos ha arrastrado a lo que experimentamos hoy en día, un ambiente frívolo lleno de adversidades de las que creemos no vamos a salir. Aquí mi reflexión:


Recuerdo con gran regocijo (dentro de mi mente utópica) la fuerza armoniosa con la que en mi alrededor se desarrollaban las cosas; ejemplo de ello mi familia, mis vecinos y en mi escuela. A los primeros no los veo, si a caso algún post es Facebook, alguna foto, un mail disperso...nada serio, nada que importe, nada que haya valido la pena recordar desde que dejamos nuestra tierra natal. La unidad se ha perdido. Cada quien desvalagado en sus propios intereses, pensamientos y ambiciones -me incluyo- . ¿Por qué? ¿Cómo pasó? creo que nadie tiene la respuesta, lo único que sé es que los extraño, los amo, son mi razón de ser y de vivir, pero ¿en dónde están?


Mis vecinos...no los conozco. Mantengo en la memoria escazas dos o tal vez tres fiestas con ellos, platicas vagas y saludos sin fondo. No sé cómo visten, no sé que les gusta, no sé ni como se llaman; sólo sé que el señor de al lado recoge la basura por las tardes. Y ni que hablar de mis vecinos de Colima (los anteriores son de Manzanillo), a lo que creo, sólo hay dos casas en la cuadra; al único que conozco y disfruto es al Teatro Hidalgo.


Llego a la escuela, lugar donde he pasado la mayor parte del tiempo. Volteo al pasado y recuerdo mi primaria, secundaria, preparatoria y ahora la universidad. Las tres primeras fueron geniales, nos importaba jugar, el chico del otro salón, sacar un 10, ir con los amigos al cine...era pura vida¡ Hoy en la universidad al parecer todo se ha perdido, nuestro ego se ha acrecentado y nuestras ilusiones se han convertido en necesidades de ser "alguien". Ese "alguien" que según nosotros encontraremos al tener el primer "trabajito", en cumplir algún sueño casi perdido y tener hijos y familia.


La vida cotidiana se ha convertido en una camino para un objetivo, casi siempre con afán de lucro: fuente de sufrimiento. Nos hemos olvidado de la paz, el amor, de la bondad y generosidad a los demás, del trabajo en equipo y de ayudar sin esperar recibir nada a cambio. En vez de hacer las cosas por excelencia o por pasión, las hacemos porque es "nuestra obligación", nos pesa vivir, nos pesa ser, !todo es una maldita obligación¡


Escucho quejas por un lado, quejas por otro: que si el transporte, que si el narco, que si los asesinos, que si el gobierno corrupto, que si fue y vino...quejas y más quejas. Son pocas las personas felices que me encuentro últimamente por la vida, las personas que viven disfrutando su estancia en este mundo con agradecimiento, luchando por mejores experiencias, simplemente con una sonrisa en su cara.


Debo aclarar, que no es de mi agrado escribir en primera persona, pero ¿cómo opinar de algo si ni siquiera  pensé en mi propia situación? Es verdad, había caido en esa telaraña de contradicciones y confusiones; mi mente me gritaba a cada momento: "¡sé alguien!" "¡no te equivoques!" "tienes que...!" y no encontraba mi verdadera identidad; no era infeliz, pero tampoco plenamente feliz, claro, sin caer en la exageración.


Ahora que veo las cosas diferente. No he madurado -tal vez nunca lo haga-  pero si reflexionado un poco. Me atrevo a decir que no me he preocupado lo suficiente por los demás, por saber qué les gusta, qué les atrae, qué los hace ser como son. Sólo criticaba, observaba y callaba...ahora es diferente, y estoy segura que será mejor porque he caido en cuenta que pensar en los demás es realmente exitante, interesante y divertido. Cada persona es un ser admirable. Así es, los admiro.


Todo lo que vivimos en la actualidad como violencia, recor, venganza, asesinatos, corrupción; y que han exagerado en los últimos años es por falta de unidad y de interés en los demás; ese aire dominante de los gobernantes al llegar al poder les hace olvidar que llegaron por gestionar y coordinar acciones que beneficien a todos, no a sus bolsillos. ¿Para qué abundar en un tema que todos conocemos? Nos gusta el poder, así de fácil; sin dejar de lado al círculo social, aquél tan dividido, tan abismal. Lugar donde si tienes, eres; espacio de todos y reflejo de pocos.


La identidad como pueblo la hemos perdido, nos odiamos, nos aborrecemos unos de otros, "¡Quisiera vivir en otro país!",  "¡México está jodido!"; el mexicano esto...el mexicano lo otro. No nos queremos, no nos amamos como debiera, nos criticamos, no nos ayudamos; conformándonos con ver lo mal que están los demás, sin ver la manera de cómo podemos auxiliar aunque sea un poco.


Si iniciaramos con procurar a la familia, a los vecinos y a los buenos amigos; a los compañeros y maestros. Valorar a cada persona por sus virtudes sin olvidar sus defectos, simplemente tenerlos presente. Unirnos para una comida, para limpiar la calle, para estudiar, para divertirnos podría dale a nuestra vida un sabor más agradable, un soplo de esperanza a recuperar lo perdido: la unidad, el amor y la convicción de que juntos se hacen y saben las cosas mejor.

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