Sí, lo acepto, pensé en ti:
En tu piel áspera reflejo del trabajo, en tus labios delgados que sólo me besaban a mi -pensé-.
En aquella tarde que huímos juntos, nos llevaba el viento, nos detenía el reloj;
en tu rostro bello que al amanecer pensaba y al anochecer acariciaba.
Pensé en ti en los peores momentos, en los mejores y en los neutrales, te hacía presente en mi vida.
Pudo ser, no fue...pensé.
Por pensar te perdí y debí cambiar el título desde un principio:
Te amo...sí, a ti.
